TIPOLOGÍA TEXTUAL

El texto que hay que comentar, por su forma, por el tratamiento del tema y por la intención del autor, se puede encuadrar dentro de los textos literarios. Por las características citadas, pertenece al género de la poesía y dentro de la poesía, a la lírica.

Su autor es Luis Cernuda, destacado poeta de la generación del 27, quien publica este poema dentro de Los placeres prohibidos, en 1931. Este poeta sevillano, conocedor de la poesía alemana e inglesa, estuvo exiliado después de la guerra civil española, y reunió toda su obra bajo el título de La realidad y el deseo.

El texto nos transmite conceptos relacionados con la libertad desde dos puntos de vista. Uno, donde se destaca su ausencia, por lo que no puede decir lo que ama; y otro, en el que identifica la libertad con el amor. Enunciadas estas ideas, trata de explicarlas y argumentarlas. Así, se podría admitir como argumentos de consecuencia de forma implícita “que su verdad es íntima y no se puede exponer”, “no hay libertad” se deduce del verso 14; sería un argumento de experiencia “libertad no conozco sino la libertad de estar preso…” v.14, y a partir del v. 20.

Su estructura va de lo general a lo particular, a lo personal, de lo impersonal a lo vivido, del yo al tú; por tanto, se podría entender según la exposición de las ideas del yo poético, analizante y deductiva.

Algunos de los rasgos por los que decimos que es un texto literario son: el verso, la subjetividad, el lirismo (la emoción), el lenguaje connotativo (por ejemplo con los recursos literarios) y el predominio de la función poética.

 Su ámbito de uso es el literario, la afición a la poesía, tertulias y revistas literarias, o el ámbito académico.

 

ADECUACIÓN

En la adecuación vamos a intentar reconstruir el funcionamiento de los distintos elementos del acto de comunicación para poder demostrar que el texto  es el resultado de su correcto funcionamiento; entre ellos se pueden destacar  el emisor, el receptor, el tema o la situación.

El emisor real o locutor es Luis Cernuda, uno de los máximos representantes de la Generación del 27 y que recoge toda su obra bajo el título La realidad y el deseo, como un axioma que vertebra su vida y, por supuesto, su poesía.

En este caso, locutor y enunciador se identifican; el autor y el yo poético es el mismo. La forma de mostrarse en el poema es por el pronombre personal de sujeto “yo” (v. 10), los verbos en primera persona de singular (“conozco” v. 14, el personal de complemento “mí” v. 17, o el deíctico posesivo “mi” v. 18). Con todo, el autor de Los placeres prohibidos, al exponer sus sentimientos trata de objetivarlos y así comienza el poema con “Si el hombre pudiera…”, generaliza, tratando de distanciar el yo poético del locutor. Se da con frecuencia hasta el verso 11, especialmente con pronombres de tercera persona “la verdad de sí mismo” v. 7, y con deícticos posesivos “su cuerpo, su amor…”v. 6 o “sus” v. 11. Da la impresión de que al buscar ese distanciamiento aporta mayor credibilidad a su pensamiento.

Por todo esto, se entiende el jugueteo en el que nos envuelve Cernuda cómo priva la subjetividad a pesar de intentar –sólo como técnica literaria- objetivarla.

Su tono es confesional, vehemente, apasionado, puesto que trata de plasmar su sentimiento, y sobre su sentimiento versa el mensaje: una experiencia dolorosa porque no se siente libre para decir lo que ama , una existencia en la que su verdad encuentra dificultades para ser anunciada y cuya única libertad puede encontrar en el amor, que es lo que de sentido a su vida.

El nivel cultural en que expone el poema es medio. Su contenido es asequible para un público amplio, pero es preciso que se tenga afición a la poesía y el conocimiento de las claves del lenguaje poético. Su registro es formal, elaborado; aunque no presenta un léxico difícil,  destacan las connotaciones del lenguaje literario.

El papel social de Luis Cernuda es relevante puesto que a pesar de estar la mayor parte de su vida en el exilio, estuvo colaborando en revistas españolas, trató con el resto de poetas del Grupo del 27, y después de su muerte ejerció cierto magisterio entre sus seguidores. Hace dos años se celebró el centenario de su muerte y los actos públicos que se organizaron fueron abundantes. Su obra supone un estilo nuevo de ver la poesía.

El receptor real es cualquier lector que se acerque a su obra por curiosidad, porque encuentra uno de sus poemas en un manual o en una antología. El receptor modelo es una persona ducha en poesía, un crítico literario, un estudiante de filología o quienquiera que prepare una tesis doctoral sobre el escritor andaluz. Normalmente la poesía es un género leído por minorías, círculos literarios, etc. Por otra parte, dentro del texto se ha de observar un receptor interno que se manifiesta en el TÚ, v. 27: representa al otro, es la pareja, es el amor.

Entre emisor y receptor no existe, y menos en la actualidad,  relación bilateral; no comparten la misma situación comunicativa, aunque supuestamente ambos son aficionados a la poesía. Es una relación unilateral, diferida y a distancia.

Algo que puede ayudar a comprender el poema es el conocimiento de la personalidad del emisor y las circunstancias en las que vivió; así, es importante destacar su sensibilidad marginal, la exploración sobre sí mismo, su actitud ante la vida y la moral, y su tendencia a la poesía de la meditación (introspección).

Por supuesto que el conocimiento de alguna de sus obras –esto es- la intertextualidad, facilitaría poder bucear con más elementos de juicio en su obra.

En relación a las coordenadas espacio-temporales, carecemos de datos por los que se pueda hacer alguna alusión al espacio ; y, sobre el tiempo, a través de las formas verbales, se diferencia la realidad del deseo, la primera marcada por el presente durativo “son”, “justificas”, otros plasman sólo la subjetividad del deseo –irrealidad-  “si el hombre pudiera…” Destacaríamos por otra parte los usos desplazados de los presentes con valor de imperfectos…

La modalización es sustancial en el texto, como suele serlo en los textos líricos, el poeta nos explica sus sentimientos y dice la importancia que representa el amor para él, todo ello cargado de connotaciones relacionadas con el victimismo, lo romántico, el dolor, hasta alcanzar cierto patetismo, “existencia mezquina”, donde el adjetivo mezquina es valorativo; además la subjetividad queda patente en el uso de subjuntivos “pudiera” v.1, condicional “sería” v. 10, el enfatizador “única libertad”, y a lo largo de todos los recursos utilizados para plasmar con mayor expresividad la emoción y el sentimiento.

El marco textual en el que situamos este poema ya hemos dicho que es en el literario, en una revista, en el mismo libro Los placeres prohibidos, o en una antología; la situación comunicativa puede quedar explicada con lo que hemos comentado anteriormente; y la intención del autor es mostrar sus sentimientos mediante la elaboración del lenguaje, destacamos su intención estética.

De acuerdo con lo que acabamos de exponer, se deben destacar las funciones del lenguaje emotiva o expresiva y la poética. La función emotiva debido a la alta carga de subjetividad que se nos plasma, y la poética, a causa de su elaboración formal sin olvidar que fondo y forma están estrechamente relacionados y forman una unidad indisoluble en el lenguaje literario. En relación con la retórica del texto, hemos de destacar la condensación de connotaciones y la ingente cantidad de recursos estilísticos, desde la métrica, con la que se consigue musicalidad, hasta otros recursos que además de afianzar el ritmo, aportan una mayor expresividad y permiten que en la trasmisión de la información destaquen unas ideas claves (entre paralelismos, reduplicación, políptoton, epíforas, etc.) y por otra, visualice su sentimiento por medio de las enumeraciones, las comparaciones, la antítesis y las metáforas.

Como conclusión, se ha de destacar que el texto constituye por sí solo un acto de comunicación dada las relaciones establecidas entre el tema, el emisor, el receptor, la situación y otros elementos que lo dotan de coherencia y unidad.