TEXTO

 

DON ROSARIO Y DON DIONISIO. Este último habla por teléfono.

Dionisio: Sí, amor (tapa el micrófono) ¿Su papá, cuando murió, no le dejó dicho nada de que en esta habitación hubiese pulgas ? (al aparato) Sí, amor mío...

Don Rosario: Realmente, creo que me dejó dicho que había una...

Dionisio:  (Que sigue rascándose una pantorrilla contra otra, desesperado) Pues me está devorando una pantorrilla... Haga el favor, Don Rosario; rásqueme usted... (Don Rosario le rasca) No; más abajo.

(Al aparato) Sí, amor mío... (Tapa) ¡Más arriba! Espere... Tenga esto (Le da el auricular a Don Rosario, que se lo pone al oído, mientras Dionisio se busca la pulga)

Don Rosario: Sí, amor mío... (Muy tierno) Sí, amor mío...

Dionisio: Ya está. Deme... (Don Rosario le da el auricular) Sí... Yo también dormiré con tu retrato debajo de la almohada... Adiós, bichito mío. (Cuelga) ¡Ella es un ángel !

                                                                       Tres sombreros de copa, M. Mihura

 

Este fragmento de diálogo pertenece a una obra de teatro cuyo título leemos debajo del texto, por tanto corresponde a un texto literario en el que la función poética es primordial. No obstante, el autor trata de transmitir una situación y pretende que resulte verosímil ante el espectador (lector). Con esa intención hay unos elementos lingüísticos que aportan realismo. Nos informa sobre la conversación amorosa entre Dionisio y su enamorada, y sobre la conversación con su amigo acerca de  la existencia de pulgas en el lugar donde se encuentran. Esa posible situación se plasma mediante oraciones enunciativas (“Sí, amor mío” l.7); acotaciones teatrales, que contribuyen a que el lector pueda imaginar la escena (“este último habla por teléfono” l.6);  verbos en indicativo (“habla”, “tapa”, “murió”); sustantivos concretos (“teléfono” l.1, “papá” l.2, “habitación”). Por todo ello,  la literatura ha conseguido crear un referente autónomo y real donde se proyecta la función referencial.

En algunas fases de la conversación, Don Dionisio se limita a escuchar el mensaje y manifestar que él sigue escuchando la conversación y que el canal como tal se mantiene. Lo hace con expresiones tales como “Sí, amor mío”. Se trata de la función fática.

Debido a que es una conversación y participan dos interlocutores por lo menos, la función apelativa resulta imprescindible, puesto que cada hablante siempre se dirige a otro, bien para transmitirle información, bien para preguntarle, convencerle u ordenarle. Algunas de sus manifestaciones serían: el diálogo en sí, la llamada telefónica, las interrogaciones, los imperativos (“rásqueme”, “más abajo”, “más arriba”...) y los vocativos (amor l.2 y D. Rosario l.7).

Como corresponde a un texto de elaboración literaria, el lenguaje es prolijo en rasgos subjetivos y connotaciones . En relación a la función expresiva, cabría destacar la subjetividad que se plasma en expresiones como “amor mío”, verbos de pensamiento (“creo que me dejó dicho...”), imperativos (“rásqueme” l.8), subjuntivos (“hubiese” l.3), exclamaciones e interrogaciones (línea 2), la ironía de la conversación o el diminutivo “bichito”. Esto últimos rasgos tiene mucho que ver con la función poética. En realidad,  la ironía se revela con la expresión “bichito mío”, que se presta a un juego de palabras, a una ambigüedad y también con el juego de conversaciones y la sustitución de un personaje por otro en el auricular. Por otra parte, el hecho de pertenecer a una obra de teatro lo imbuye del carácter literario, y dentro del teatro hemos de destacar la importancia del diálogo que aporta naturalidad, con sus frases cortas, cargadas de expresividad,  y ritmo rápido, al que acompañan los periodos yuxtapuestos y la combinación de distintos tipos de modalidad (enunciación, interrogación y exclamación). La espontaneidad del diálogo se ve favorecida por algunas licencias poéticas propias de un registro coloquial, entre ellas hemos de destacar la repetición, la reticencia,  la hipérbole (l.7) o la metáfora. Todo ello combinado con cierta dosis de comicidad.