POEMA 8 - VEINTE POEMAS DE AMOR Y UNA CANCIÓN DESESPERADA. P. NERUDA - 1º de Bach.

 

Localización. El poema 8 “Abeja blanca zumbas -ebria de miel- en mi alma” pertenece al poemario Veinte poemas de amor y una canción desesperada, y su autor, Pablo Neruda, fue un poeta chileno cuya vida transcurrió durante las primeras ¾ partes del siglo XX. En España mantuvo una estrecha relación con el Grupo del Veintisiete, especialmente con Alberti. Destacan entre sus obras Residencia en la Tierra y Canto General. Constituye un texto literario y más concretamente corresponde al género lírico. Concentra algunas de las características de la obra en general: el amor -o mejor nostalgia por un amor acabado-, el lirismo y la combinación de metáforas lógicas con otras imágenes visionarias,  reflejo de la huella que el surrealismo selló en su juventud.

El tema principal es la nostalgia de un amor que no acabado de olvidar. La acción no avanza, mejor se repite con distintas imágenes al principio y al final, dedicando la parte central a describir a su amada. Los remas podían resumirse en desesperación, ansiedad, descripción de la amada (incluso con marcas eróticas “Se parecen tus senos...”), soledad y recuerdos. Su estructura es circular y el tono de tristeza, melancólico.

En realidad el texto se puede comprender sin falta de presuposiciones, porque trata de un tema universal como es el amor y la obra forma un referente en sí mismo, un mundo con autonomía, al margen de que conociéramos los momentos puntuales por los que podía estar pasando el autor.

En la primera parte ya confiesa el autor de Cien sonetos de amor cómo en el desamor, él es la parte afectada, porque echa de menos a la amada,  y es su ausencia la que lo hace sentirse desesperado, ansioso y solo (vss. 1-7)

En la segunda parte, abierta y cerrada por el estribillo, hace una descripción física de ella, donde destaca el lirismo de sus imágenes cargadas de expresividad. (vss. 8-13).

La última parte, que abarca desde el v. 13 hasta el final, continúa  destacando su soledad por medio de metáforas relacionadas con la naturaleza y subraya todavía más su nostalgia y dolor por medio del adverbio “aún” y con el verbo “revives”, algo que, por otra parte, no era necesario decirlo expresamente.

Todas estas partes están interrelacionadas por el hilo argumental, por el falso diálogo que se construye entre el poeta y su amada, por el estribillo y por la repetición de la idea principal que aparece al principio y al final del poema. Por consiguiente, podemos hablar de unidad y coherencia en el mensaje expresado.

Hay cierta relación entre fondo y forma, como se comprueba al observar que cada parte del texto constituye formalmente una distribución simétrica entre estrofas y contenido. Su estructura externa viene configurada  por tres estrofas de dísticos, bastante regulares, cuya rima es asonante en los pares. En su mayoría son versos alejandrinos, generalmente compuestos por dos heptasílabos (hemistiquios) en los que la cesura suele estar bien marcada. Los versos del estribillo son pentasílabos. Estilísticamente, esta combinación de versos cortos y largos aportan variedad y dinamismo, tal vez el nerviosismo que cosquillea en el alma de Neruda  por la ansiedad.

Pragmática o adecuación: El poeta trata de transmitir sus sentimientos mediante un lenguaje claramente elaborado. Pretende deleitar y jugar con el ritmo y otros recursos literarios. El emisor real es un “yo” en el que se identifica el narrador y el autor, aglutina al emisor real y al ideal, una persona que domina el lenguaje y sus recovecos, quien escribe poesía como entretenimiento o como desahogo, “motu proprio”. Sobre el receptor hay más cosas que aclarar. Generalmente quien lee poesía es gente aficionada a ella. La poesía es un genero literario de minorías. Con frecuencia el receptor real  tendrá problemas para entender  el mensaje del Nobel chileno. Será el receptor ideal quien sabrá exprimir el jugo del deleite de la versificación, del mensaje, del ritmo, de la musicalidad, de sus connotaciones... en fin de la riqueza expresiva que contiene. El mensaje evidentemente refleja nostalgia de un amor “aún zumbas en mi alma” Pero tampoco hay que interpretar literalmente todas la imágenes que aparecen en él, más bien la relación que guardan unas con otras. El código está constituido por las palabras del español y las normas a que deben atenerse para poder descodificarse. Se trata de un registro culto debido al uso que hace tan peculiar del lenguaje, a su corrección,  a la selección de las imágenes y al objetivo que consigue: un código poético. El canal es el papel, en este caso el libro Veinte poemas... y, por supuesto, visual. El contexto vendría determinado por el resto de poemas que configuran el libro aludido, y la situación, quizá algún desengaño del poeta en su juventud, época a la que pertenece la obra.

La relación entre emisor y receptor fundamentalmente se basa en la afinidad del gusto por la poesía; actualmente es una comunicación unilateral puesto que no se puede establecer una relación entre autor-lector. Este poema sigue teniendo la misma validez que en el momento de su creación, ya que, como se ha comentado anteriormente, constituye su verdadero referente, tiene autonomía y exponen unos sentimientos válidos a lo largo del tiempo.

Por todo los dicho, podemos constatar cómo puede constituir un acto de comunicación, aunque podría no darse en el momento que cualquiera de los elementos citados no funcionara. Por ejemplo,  si algún lector no entiende el poema, la intención del poeta no se ha logrado y no podríamos hablar de acto de comunicación. Hay que decir que para conseguir su propósito incluso echa mano de reformulaciones: “Soy el desesperado, el que lo perdió todo”.

El punto de vista es muy subjetivo (modalización) y se hace latente sobre todo con la presencia del “yo”. Además otros rasgos de esa subjetividad son: la elaboración del lenguaje, los recursos literarios, el lirismo, las exclamaciones y las interjecciones. Todo esto nos permite hablar de la función expresiva del lenguaje, aunque no sea la principal.

En poesía suele ser fundamental el ritmo. Se trata de un ritmo en el se alterna la lentitud con la rapidez, dando la sensación de querer transmitir el turbulento mundo del poeta angustiado. Contribuye a este ritmo la mezcla de versos largos (alejandrinos, en estrofas de 3 dísticos, de arte mayor) y cortos (pentasílabos, de arte mayor, que forman el estribillo), la rima de los pares en asonante, las pausas (especialmente las cesuras), los paralelismos (vs. 1 y 19),  paralelismos sintácticos (vss. 3 y 4), el encabalgamiento suave (v. 1) y la yuxtaposición (asíndeton), que podemos relacionarla con la desesperación y la ansiedad.

Un papel relevante ofrece la descripción que realiza de la amada. Ocupa la parte central y eso nos sugiere la importancia de ésta, puesto que ella es la causa de su problema, de su dolor. Es sensual e incluso erótica, una prosopografía en la que se sigue un orden: los ojos, los brazos, el regazo, los senos y vientre. La descripción del “yo” constituye una etopeya. No conocemos sus rasgos físicos, sólo sus sentimientos y abren y cierran la estructura circular del poema. Destacaremos de ella la importancia de adjetivos explicativos, con frecuencia antepuestos, los verbos copulativos con los que se define o se describe y las frases nominales (a veces por elipsis del verbo principal. Predomina la esencia frente a la existencia, de ahí que los sustantivos y el resto de elementos citados anteriormente configuran el estilo nominal  propio de las descripciones.

Predomina fundamentalmente la función poética del lenguaje que viene determinada por el cómputo silábico, la rima, el ritmo, las repeticiones de estructuras, incluso la repetición de ideas, asociaciones alógicas “abeja blanca...”, “frescos blancos de flor”, personificaciones  “El agua anda descalza...”, “de aquel árbol se quejan...”, etc.,  con ellas se consigue una mayor expresividad. Con el contraste “zumbas” - “Ah silenciosa” nos acercamos a la paradoja y con ella se pone de relieve la nostalgia y el recuerdo. La hipérbole “ebria de miel” aporta una mayor expresividad al mensaje, destaca la dulzura y está en la línea de la alegoría. En realidad, las metáforas, recurso con el que se gana en expresividad y en sugerencias, pueden clasificarse en dos líneas: metáforas lógicas: “abeja blanca”, “en mi tierra desierta eres la última rosa”, “El viento del mar caza errantes gaviotas”; y metáforas o imágenes visionarias, más cercanas al surrealismo: “te tuerces en lentas espirales de humo”, “Ah desnuda tu cuerpo de estatua temerosa”, “Ha venido a dormirse en tu vientre una mariposa de sombra”, que nos sugieren distanciamiento.

Otro rasgo que se desprende del poema y que tiene que ver con los temas que cultiva el autor chileno es el romanticismo. Se desprende de la exaltación del yo, de los sentimientos, de la pasión, de la combinación de los elementos de la naturaleza  y esos sentimientos (paisajes otoñales, el mar, el viento, la lluvia...)

 

Para que realmente el mensaje llegue a entenderse es necesario que además de tener unidad y coherencia, esté bien cohesionado y para este fin con frecuencia aparecen una serie de elementos. Por ejemplo: conectores y organizadores textuales, sintaxis, repeticiones, sinónimos, campos semánticos, deixis, tiempos verbales...

Como conclusión se puede destacar la melancolía que envuelve al poeta con los recuerdos de la amada que reviven contimuamente en él, y sobre todo el estilo, puesto que logra una aparente sencillez a base de una sintaxis simple y un léxico asequible, pero muy rico en sugerencias.