Se sabía borrosamente que los nervios eran importantes, y en 1604 un médico inglés llamado Thomas Willis escribió el primer tratado exacto sobre el cerebro y demostró que los nervios emanaban de ese órgano. Ese libro (publicado hace solamente poco más de tres siglos) señaló el comienzo de la comprensión final de la importancia del cerebro. Cuanto más lo estudiaban los científicos, más complejo parecía ser el cerebro. En su aproximado kilo y medio de peso se apiñan diez mil millones de células auxiliares más pequeñas. No hemos construido aún ningún ordenador que contenga cien mil millones de unidades conectoras; y, si construyéramos uno tan grande, nos sería imposible comprimirlo en una estructura que pesara solamente  kilo y medio.

Es más, el sistema de conexiones del cerebro es mucho más complicado que el de cualquier ordenador. Cada célula nerviosa está conectada a muchas otras células nerviosas en un complejo entramado que permite a las pequeñas corrientes eléctricas que señalan la acción nerviosa fluir en una gran variedad de direcciones distintas. En comparación, la estructura de las unidades de un ordenador es primitivamente sencilla y las pautas de los flujos fácilmente calculables.

 

   

Comentario modelo 

Enlace con el texto del origen de la vida en la tierra (Oxford)